La brigada de la cyberpitanza.
Todo esto comenzó hace algunos años, cuando un día, a las 3 de la mañana recibí una llamada un tanto extraña. Contesté como siempre, pero una voz que no conocía me dijo: “Hola Francisca, como has estado?”. Yo soy excelente para reconocer voces, pero esta vez me costó un poco, así que, entre el sueño que tenía y la curiosidad de saber quien era, le dije lo que obviamente todo el mundo dice en estos casos: Hola ¿Quién es?. He aquí donde empezó el problema. El tipo me empezó a decir que era alguien que yo amé mucho, que me deseaba, que me necesitaba y ahí empezó con el rosario de cosas IMPROPIAS, que pese a no ser groseras verbalmente, eran como sacadas de esas novelas rosas de corte erótico. Mi primera reacción fue colgar, cosa que no hice, porque lo único que quería era saber si podía reconocer esa voz, para ver si por último era una broma de mal gusto. No pude descifrarla, realmente no sabía quien era, así que terminé por colgarle. me siguió llamando, por lo menos unas 10 veces más, hasta me mandó un mensaje de texto diciéndome: Oye si tú sabes quien es!.
En esa época, al tiro le eché la culpa a un ex, porque estábamos peleados, pero nunca creí que él fuera tan ordinario como para decirme esas cosas tan cursis y chulas. Por último, si alguien te quiere hacer pitanzas, que te diga mil garabatos o que eres una tal por cual, pero enserio que este tipo era sacado de la peor novela rosa de la historia.Yo soy picadísima, y siempre cuando afectan mi burbujita de tranquilidad, jamás puedo dejar las cosas ahí.
Recuerdo una vez que se me perdió el Morrisey, el gato de mi hermana y hermano de mi gato Noah. En mi desesperación, me metí a un Chat de gente de La Serena (ciudad donde se había perdido el minino) y les suplique que si veían a un gatito con las descripciones del Morry, me llamaran al siguiente celular. Al par de días de mi pedido desesperado, a un pendejo chistoso se le ocurrió mandarme un privado en el Chat, diciéndome que tenía mi gato y que lo iba a matar si no le daba una recompensa. El par de ingenuas (incluyo a mi hermana) caímos redonditas, y fuimos a la supuesta dirección que nos dio, que obviamente era falsa.
Ese día empezó mi furia en contra de las pitanzas por Internet o telefónicas. Yo se que lo que voy a contar a continuación es el colmo de lo picada, pero para que vean lo que soy capaz de hacer cuando algo me molesta.
Me metí al Chat nuevamente y ahí estaba el NICK del impostor, obviamente, como la nerd que soy, lo putié virtualmente a través de la pantalla y el me putió de vuelta tratándome de ingenua, tonta y cuanta cosa más. En ese tiempo tenía un amigo trabajando en Chilesat, éramos yuntas y nos teníamos mucha confianza, así que para demostrar que no era ni tonta ni ingenua y que con mi gato nadie se metía, le pedí que por favor me diera el número de teléfono que correspondía a la IP del tipo del Chat. La IP es el número propio que todos tenemos cuando nos conectamos a Internet. Hace algunos años atrás, las IPs eran abiertas y todo el mundo las podía ver, hasta que los hackers empezaron a abusar de eso, y las compañias de internet las empezaron a encriptar. Mi amigo, muy amablemente me dijo que el número era de la IV región, y me lo dio. Busqué en http://www.blancas.cl/ para ver si podía encontrar la dirección de el número que me dio mi amigo y SHA NAN! ahí estaba, en Coquimbo. Para rematarla, el sujeto del Chat, me dio su nombre, Rodrigo; no sabía si también eso era mentira, pero había que intentarlo. Llamé al amigo más grande y alto que tengo, al Manuel, para que nos ayudara en la misión; pescamos la camioneta y junto a mi hermana, fuimos a buscar a mi corpulento amigo, y partimos rumbo a la dirección. Era en un cerro de Coquimbo. Nos bajamos y tocamos la puerta de la casa en cuestión y al abrir, Manuel, que mide casi dos metros y pesas unos cuantos kilos, dijo: Esta Rodrigo? – Si, soy yo – respondió un cabro chico, flaco y con cara de nada que abrió la puerta. El Manuel lo agarró del cuello y le dijo: YA PO, AHORA…DINOS DONDE TIENES AL GATO?. Creo que nunca había visto una cara más horrorosa como la del pobre mojón, casi se meo!!! Y empezó a pedir disculpas como loco, mientras el Manuel se “identificaba” como de la brigada del ciberdelito (que cosa más mula jajaja) y yo, toda picada, me acerqué, a lo muy Kiko cuando le hace un “chusma chusma” a Don Ramón, y le dije: NO TE METAS NUNCA MÁS CON NOSOTROS, PENDEJO OCIOSO! Y entre las amenazas de que lo íbamos a “demandar” (recuerden que yo demando por todo) y nuestras caras de desprecio, nos fuimos del lugar. Al llegar a la camioneta, no dábamos más de la risa. No podía ser que hubiésemos hecho tremendo operativo digno de la policía más experimentada, todo para decirle un par de cosas a un tipo que mintió por Internet; pero nos sentíamos bien, como si con la cara de horror y las mil disculpas del pobre niñito, hubiéramos cobrado venganza por todas aquellas personas que son embaucadas a diario por falsos amores virtuales o por todos los que han sido estafados de alguna forma a través del computador.
Con respecto a la pitanza teléfonica que recibí, obviamente, no me quedé ahí. Tengo contactos en todas las compañías de telefonía celular, así que averigué los datos de mi acosador con su número: tenía un teléfono de prepago rasca, se llamaba George, vivía en Los Ángeles y tenía 29 años. Solo para corroborar los datos, le pedí a una amiga que llamara y preguntara por George. Era él, era exactamente la voz que me había dicho tanta cosa morbosa. Supuse que no me volvería a molestar, así que me quedé tranquila sabiendo que era alguien que no conocía y que vivía lejos. Pero la semana pasada, después de casi 6 meses, empezó a llamar de nuevo. No le contesté, pero si le mandé un mensaje de texto con sus datos y dejándole en claro que “los acosos telefónicos son un delito” (cosa que hasta yo me creí) y que me dejara de molestar. El muy estirado roteque me escribió de vuelta, diciendo que no me conocía, que también era “abogao” (en esta profesión entra cualquiera al parecer) y que poco menos éramos colegas. Como no me iba a quedar ahí y quería que me dejara de molestar, no se me ocurrió nada más fantasioso que escribirle: “Esos cuentos explícalos cuando te cite la fiscalía a reconocer las grabaciones que tengo de tu teléfono”. Nunca más me molesto de nuevo, y al parecer, creo que hasta se asusto con mis fantasiosas amenazas. Quizás con todo lo antes narrado, deberían pensarlo dos veces antes de molestarme por teléfono o por Internet, porque no saben con la chichita que se están curando.


Fran ke ociosa!!
jejejej
Besitos…
A Rodrigo habría que formalizarlo por obstrucción a la justicia…..con la vida de los secuestrados, aunque sea un gato, no se juega!!!!!!
fran:
gracias amiga por ir a verme el sabado. tenia muchas ganas de verte.
las circunstancias del alcohol mermó un poco eso, patraca tambien puede decir algo al respecto…jajajaja.
espero que la prox ocasion sea a concho.
te quiero un monton.
me encantaría tener esos ‘contactos’ y esas ganas de devolver lo que te hicieron que tienes tú, para cuando me hacen algo así. Debe haber sido divertidisimo lo de Rodrigo, el jamaz debió haberce imaginado que o irías a buscar a su casa. Al final pudieron encontrar al gatito? amo los gatos, eso fue un parentesis
LOL Muy buena !