Me gustaría hacer un pequeño break en mi vida, subirme a una silla bien alta y mirar hacia abajo para saber como se siente observar tu vida en comparación con todo el resto de puntitos que se mueven por ahí. Quizás hoy es un buen día para dar gracias, para rezongar y para pedir, sí, para pedir.
Cada vez que trato de hablar con Dios, mi discurso empieza así: “Querido Señor, yo se que no te debería molestar porque no tengo derecho a pedirte nada con lo poco que te recuerdo y me preocupo por ti, pero me gustaría contarte…”. En el fondo, obvio que le voy a pedir algo, y él debe ser demasiado comprensivo (si es Dios, doh!) al ver que millones de personas, que jamás se acuerdan de él, que viven sus vidas pecaminosamente y indiferentes del resto, solo lo llaman a su celular omnipotente cuando saben que están problemas.

Como si él fuera Batman, con la gran diferencia que Dios no se lleva ningún crédito en la prensa de Ciudad Gótica, muy por el contrario, muchos tienden a atacarlo porque no cumple las apresuradas y histéricas peticiones de la gente, o aún más, se le atribuye al pobre caballero todo lo malo que nos vaya a pasar (porque no se encargo de preveerlo), ya que si a alguien hay que echarle la culpa de la maldad y de la tragedia del mundo, el pobre culpable, ni si quiera formalizado aún, es Dios.
Yo me pregunto si alguien en esta tierra tiene el verdadero derecho para criticarlo a él, o ¿se olvidan que él nos regalo el “libre albedrío”, el “amor”, la “hermandad” y la “compasión”? solo por nombrar ejemplos de sus múltiples obsequios universales. No estoy culpando a la Humanidad de este “Sick, Sad World” o por lo malagradecidos que hemos sido con todo lo que él nos ha dado, pero esa frase que dice “Dios sabe porque hace las cosas” tiene hoy más sentido en mi vida. Siempre le doy características a la gente y desde pequeña he visto a Dios como “Un papá” (¿porque será que todos los niños lo ven así?), y como de infancia me queda mucha, tengo una relación más estrecha con él, incluso al nivel que me apiado de la pobre reputación del Señor, teniendo ganas de decirle que “lo siento”, ofreciéndole mi famoso “Queque de yogurt con plátano” (que realmente es lo único que me queda espectacular) para que pase la pena de tanta desilusión diaria.

A lo que iba, es que generalmente yo me siento afortunada de tener la vida que tengo, aunque me queje a morir o aunque colapse con mis tareas diarias, en el fondo nunca he sido tan barsa como para pretender que Dios tiene que tenerme “el almuerzo servido todos los días” y que yo solo me tengo que preocupar por respirar. Me da lata molestarlo, la misma lata que me da molestar a la gente en general, más si siempre me olvido de llamar por teléfono, o de enviar emails o de saludar en ocasiones especiales. Y me gustaría aclarar, a través de este medio electrónico, que si alguna vez fallé con respecto a mi constancia por preservar mis relaciones sociales, deben saber que no es que no los quiera o que no desee tenerlos cerca (sobretodo a mis amigos y familia), pero mi mente anda en tantos lados, que pocas veces me doy el trabajo de hablar tendido con los que amo, ya sea por msn o por teléfono, y para qué hablar de las visitas, peor. Y pueden pasar años sin que hablemos o nos veamos, pero mis sentimientos por los que han sido importantes en mi vida, no cambian, por eso tengo los amigos que tengo, y que me aguantan mi “autismo”. Ah, y me carga la gente que dice “Shi! Tanto tiempo, ¡ ni me has llamado !”, cobrándote el peor de los sentimientos, no lo soporto, y siempre esperen un: ¡Y porque no me has llamado tú! de mi parte, porque pese a mi insociabilidad de puro volada que soy, siempre pienso que las cosas tienen que ser mutuas, y que uno no debe sentirse en la obligación de ponerle más atención al otro, salvo contadas excepciones, como cuando el otro esta en desigualdad contigo (enfermedades, defunciones, pateadas del pololo, etc.).
Afortunadamente, Dios ha sido bueno conmigo, y siempre que le pido algo, me lo ha cumplido (y cuando no, es porque soy caprichosa y al final, me doy cuenta que él tenía la razón). Esto es quizás porque sabe que reconozco mi soberbia, y lo equivocada que estoy en ocasiones, y como no puedo mentirle a él (recuerdo cuando mi mamá me decía: “Yo no lo veo, pero él siempre lo hará”, me traumatizó esa frase y me sentí terriblemente observada por años), por eso mejor acepto, previamente a la petición, que no lo pesco mucho a veces y que soy terriblemente pecadora, para que cuando él vea en su HeavenBerry o Igod mi ficha técnica, no me rechace antes de que empiece a decir algo; “por último es honesta la cabrita”.
Empiezo…Dios, te quiero dar gracias antes que todo, por lo bueno que has sido conmigo, aunque no me lo merezca. Gracias por este día soleado y por las palomas gordas que veo desde mi ventana. Gracias por el amor que me das y por el amor que siento de los que me rodean, y por el increíble (pecador y con defectos como todos) hombre que tengo a mi lado, y por mi (loca, gritona, un poco disfuncional) hermosa familia, que me ha dado grandes valores. Y hoy, te quiero pedir por la Mona (la loca de la tele que se borda la boca, sí!, esa misma), que está de cumpleaños, para que ilumines su “colorida” vida y la mantengas con esa alegría hiperactiva que entretiene y encanta a muchos. Por mis amigos, para que los guies y protejas (lo de las cervezas, es una tradición, además que con el calor de estos últimos días, uf!). Especialmente, te quiero pedir por mi prima Claudia, para que la apoyes en esta decisión, que le llenes de angelitos el quirófano, que bendigas la manos de los médicos para que realizen su preciado arte en el cuerpecito de mi prima, y para que quedé preciosa, al igual como lo es su corazoncito (tú la conoces, esa que se agarra con los fiscales, y aunque parezca que a veces está del lado de tu archirival, solo lo hace por pega, que está bastante escasa en este país, y porque estudió derecho como yo, así que por favor, recuerda esto en el futuro). Y por último, me gustaría que me ayudaras a que la sentencia esa (la que no me deja dormir) salga luego, y con beneficio, si no es mucho pedir…y aunque se haya perdido una batalla, espero ganar la guerra (ayuda también a mi abuela y al “lado B” de mi familia, a que entiendan lo inentendible, y no es tu culpa y lo sabes, aunque ellos a veces no piensen eso).
Perdóname por mi deseos picarescos, por mis delirios por comer chocolate (¡ pero tu sabes que no he caído !, y que mi hiperinsulinemia es complicada) y por mis mentiras piadosas, que le alivian la vida al resto y que facilitan la mía.
Todo esto te lo pido en el nombre de tu hijo Jesús, Amén
PD: Como dato freak de mi persona. Mi mamá es evangélica, fui muchos años a la Iglesia y me encantaba, pero dejé de ir el día que se me ocurrió preguntarle a un pastor a donde se iban al morir los budistas, los ateos, los musulmanes y todo el resto de cristianos sínicos que no creían verdaderamente en el “Señor Jesús”…Él no supo que responder. Mi Dios no es el de los cuentos o el de Semana Santa, es un Dios justo, equilibrado, y como buen padre, comprensivo. Nadie es perfecto y quizás yo podría dar mucho más de mi vida a su servicio, y lo sé, y él sabrá perdonarme, y aunque no lo crean, trato de ser mejor todos los días, aunque no se note.
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